A Alejandrina Hilares, de 36 años, se le desborda el entusiasmo cuando habla de su pueblo. Ella pertenece a la comunidad asháninka de Atahualpa, localizada en el distrito de Río Negro, en Satipo, y preside la primera organización de nativas que promueven el turismo vivencial en la selva central a través de un proyecto llamado Ibanko Yorini, que en su lengua natal significa gallito de las rocas.Alejandrina tiene la convicción de que compartir la cultura de su pueblo con visitantes nacionales y extranjeros no solo contribuye con que esta prevalezca en el tiempo, sino que además genera una importante dinámica económica que los puede ayudar a salir de la pobreza.POST EL COMERCIO DE LIMA
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